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8 de enero de 2014

¡Al rico lechazo!

En esta primera entrada del año 2014 nos adentramos en las instalaciones agropecuarias de Ismael, nos encontramos ante una explotacion intensiva de ovino situada en Villafrechós. No abrimos precisamente el año con una entrada muy forestal ni de puro monte, sin embargo, es también este mundo ganadero, muy importante en las zonas rurales, es además materia poco conocida y por este motivo incluimos un reportaje así, que esperamos por supuesto que sea de vuestro agrado.
Aquí, Ismael tiene una importante producción de leche de oveja, que comercializa por medio de una Sociedad Cooperativa de ganaderos. Además, vende corderos lechales  de no más de 20 días para consumo alimentício, todos sabemos el impresionante manjar que es y que supone el cordero asado en esta tierra nuestra castellana. 
En dos grandes naves se distribuyen alrededor de 2.000 cabezas. Perfectamente separadas en compartimentos, los machos por edades, los lechales, las parideras, las hembras recién paridas con sus crías etc... 
Gracias a la amabilidad de Ismael hemos podido sacar algunas instantáneas en esta gran explotación, son detalles interesantes con los que se pretende que os introduzcáis, lo más posible, en la granja y podáis sacar una fiel idea de lo que allí se "cuece". Eso sí, el olor pestilente a oveja paridera y cordero sudado o la pisada de boñigas (¡con plastico en las botas claro¡) no tiene precio, nos gusta, es el encanto de lo rural y ahí si uno quiere,  hay trabajo.













3 de diciembre de 2013

El arte de cetrería.

Halcón peregrino batiendo sus alas y a punto de salir del puño.

"El arte de cetrería".
Con este título, Felix Rodríguez de la Fuente escribe un libro fascinante, podría decirse que es el manual básico para todo aquel que quiera sumergirse en este precioso mundo de la cetrería. Antes de nada, Félix cuenta su historia personal de cuando era niño, en la que explica con sencillez y profunda emoción el origen de su afición en sus primeras líneas de esta gran enciclopedia. Os las transcribo porque creo que merecen la pena:

En el Norte de la provincia de Burgos, en el límite de la meseta, antes de que la severa orografía de Castilla se desplome hacia el mar por el fragoso escalón del sistema cantábrico, existe un anchuroso páramo: tierra rigurosa de pastores y de lobos, alta ruta de pájaros viajeros; fue la más fascinante escuela en los días de mi infancia.
Deambular por la llanura, acechar, descubrir nuevas formas y manifestaciones de la vida, era para mí un placer atávico, viejo y vital como la misma humanidad. En otoño, me pasaba los días tratando de sorprender a los patos salvajes. Y no para cazarlos, pues por aquel entonces no conocía yo el manejo de las armas. Era algo mucho más imperioso: quería verlos de cerca, saludarlos con mi mirada atónita; quizá, descubrir el secreto de su misteriosa atracción. Porque los patos salvajes siempre me han emocionado. Sus formaciones geométricas en el cielo de otoño, su tenso vuelo hacia las tierras de invernada, despertaba en mi espíritu indescriptibles nostalgias y ansias de nomadeo.
Ciertamente, mi situación no podía considerarse como normal, ni siquiera segura para un niño de 11 años: calado hasta los huesos por la fina lluvia, temblando de frío y ansiedad, entre los carrizos de una charca perdida en el páramo, a muchos kilómetros de mi casa, me sentía sin embargo, el más feliz y triunfante de los mortales. Porque ellos estaban allí, a pocos metros de mi escondite, tan cerca que podía distinguir el verde metálico de sus cuellos y los anaranjados picos. Al fin, lo había conseguido. Tras media hora de arrastrarme por el suelo pedregoso, veía de cerca a mis admirados viajeros.
Lleno de júbilo, salté hacia delante: grité. Y toda la bandada se puso en vuelo, con extraño clamor, salpicando mi rostro las gotas de agua proyectadas por sus alas. Entonces, un silbido creciente lo dominó todo. Una masa grisácea cayó como un proyectil hacia el centro de la bandada y chocó con uno de los patos, derribándolo en tierra, envuelto en una nubecilla de plumas.
Con asombro, me percaté de que aquel bólido mortífero era realmente un ave, que ascendía tan rauda e inesperadamente como había bajado.
Corrí hacia el abatido pato y tomé su cuerpo entre mis manos; era macizo, fuerte, pesado…, estaba muerto. Miré hacia el cielo, y allí, en lo alto, volaba en círculos el poderoso cazador, ya sólo un punto entre las nubes.
Absorto, apretando fuertemente su presa entre mis brazos, comprendí que había un ser superior a cuantos yo había imaginado: veloz, para herir como el rayo; fuerte, para quebrar de un golpe el vuelo del pato salvaje.
Solo, inmóvil, acepté con humildad el regalo que la naturaleza acababa de ofrecerme; ignorando que miles de años antes, un cazador del lejano neolítico recibiría en parecidas circunstancias la inspiración que le hizo concebir el más noble e increíble arte de caza: la cetrería.
Rodríguez de la Fuente, Félix. Prefacio en El arte de cetrería. Ediciones Nauta, Barcelona, 1970.


Alcotán preparado para la caza en el guante cetrero.






Diversas tomas de un halcón durante la caza en campo. En la última persiguiendo a una paloma.



El paisaje terra-campino con grandes espacios abiertos, ideal para la caza con halcón.




Otras fotografías de esta gran jornada cetrera en tierras castellanas.

25 de octubre de 2013

8 de octubre de 2013

Ruta de los Castillos


Vista general de la estepa castellana un día de otoño. ¡Comenzamos la ruta!



Castillo de los Fontaneda, en Ampudia. Es del siglo XV y es considerado el mejor castillo palentino.


Hemos llegado al castillo de Montealegre, imponente fortaleza del siglo XIV que sirvió de modelo para fortalezas posteriores.



Desde Montealegre ya podemos divisar el siguiente castillo, ¡hacia allí nos encaminamos!


Aquí estamos en el Castillo de Belmonte con su impresionante torre del homenaje.




No es difícil por estas tierras encontrarte a media tarde con un rebaño de ovejas.
Se puede pasar un día muy completo por las tierras castellanas entre Palencia y Valladolid, desde Dehesa de los Alcotanes os lo recomendamos, ¡es una gran experiencia!

7 de mayo de 2013

La Nava y alrededores


Pareja de cernícalos en palomar de ladrillo y teja.




Llanura de La Nava, con detalles de las lagunas, remansos eutrofizados, y vegetación autóctona.



Construcciones tradicionales de las poblaciones rurales del entorno de La Nava, bodegas bajo suelo, cubiertas de verdes tapices, atardecer primaveral.