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25 de diciembre de 2013

Hoces del Duratón

En esta entrada mostramos fotografías de los parajes y vivientes de las Hoces del Duratón, paisaje invernal una mañana fría y soleada.


El agua en calma del Duratón hace las veces de espejo en esta toma, realmente impresionante.



 Diferentes instantáneas del vuelo majestuoso del buitre leonado.









La Ermita de San Frutos en su ubicación, al borde del acantilado, permite apreciar óptimamente el cañón que forma el río Duratón y el remanso que se crea con el embalse de la cercana presa de Burgomillodo


 Paisaje de las Hoces del Duratón, los nidos de los buitres se localizan en los cortados rocosos.


 Por último, muy de lejos, un corzo al otro lado del río paseaba tranquilamente.

3 de diciembre de 2013

El arte de cetrería.

Halcón peregrino batiendo sus alas y a punto de salir del puño.

"El arte de cetrería".
Con este título, Felix Rodríguez de la Fuente escribe un libro fascinante, podría decirse que es el manual básico para todo aquel que quiera sumergirse en este precioso mundo de la cetrería. Antes de nada, Félix cuenta su historia personal de cuando era niño, en la que explica con sencillez y profunda emoción el origen de su afición en sus primeras líneas de esta gran enciclopedia. Os las transcribo porque creo que merecen la pena:

En el Norte de la provincia de Burgos, en el límite de la meseta, antes de que la severa orografía de Castilla se desplome hacia el mar por el fragoso escalón del sistema cantábrico, existe un anchuroso páramo: tierra rigurosa de pastores y de lobos, alta ruta de pájaros viajeros; fue la más fascinante escuela en los días de mi infancia.
Deambular por la llanura, acechar, descubrir nuevas formas y manifestaciones de la vida, era para mí un placer atávico, viejo y vital como la misma humanidad. En otoño, me pasaba los días tratando de sorprender a los patos salvajes. Y no para cazarlos, pues por aquel entonces no conocía yo el manejo de las armas. Era algo mucho más imperioso: quería verlos de cerca, saludarlos con mi mirada atónita; quizá, descubrir el secreto de su misteriosa atracción. Porque los patos salvajes siempre me han emocionado. Sus formaciones geométricas en el cielo de otoño, su tenso vuelo hacia las tierras de invernada, despertaba en mi espíritu indescriptibles nostalgias y ansias de nomadeo.
Ciertamente, mi situación no podía considerarse como normal, ni siquiera segura para un niño de 11 años: calado hasta los huesos por la fina lluvia, temblando de frío y ansiedad, entre los carrizos de una charca perdida en el páramo, a muchos kilómetros de mi casa, me sentía sin embargo, el más feliz y triunfante de los mortales. Porque ellos estaban allí, a pocos metros de mi escondite, tan cerca que podía distinguir el verde metálico de sus cuellos y los anaranjados picos. Al fin, lo había conseguido. Tras media hora de arrastrarme por el suelo pedregoso, veía de cerca a mis admirados viajeros.
Lleno de júbilo, salté hacia delante: grité. Y toda la bandada se puso en vuelo, con extraño clamor, salpicando mi rostro las gotas de agua proyectadas por sus alas. Entonces, un silbido creciente lo dominó todo. Una masa grisácea cayó como un proyectil hacia el centro de la bandada y chocó con uno de los patos, derribándolo en tierra, envuelto en una nubecilla de plumas.
Con asombro, me percaté de que aquel bólido mortífero era realmente un ave, que ascendía tan rauda e inesperadamente como había bajado.
Corrí hacia el abatido pato y tomé su cuerpo entre mis manos; era macizo, fuerte, pesado…, estaba muerto. Miré hacia el cielo, y allí, en lo alto, volaba en círculos el poderoso cazador, ya sólo un punto entre las nubes.
Absorto, apretando fuertemente su presa entre mis brazos, comprendí que había un ser superior a cuantos yo había imaginado: veloz, para herir como el rayo; fuerte, para quebrar de un golpe el vuelo del pato salvaje.
Solo, inmóvil, acepté con humildad el regalo que la naturaleza acababa de ofrecerme; ignorando que miles de años antes, un cazador del lejano neolítico recibiría en parecidas circunstancias la inspiración que le hizo concebir el más noble e increíble arte de caza: la cetrería.
Rodríguez de la Fuente, Félix. Prefacio en El arte de cetrería. Ediciones Nauta, Barcelona, 1970.


Alcotán preparado para la caza en el guante cetrero.






Diversas tomas de un halcón durante la caza en campo. En la última persiguiendo a una paloma.



El paisaje terra-campino con grandes espacios abiertos, ideal para la caza con halcón.




Otras fotografías de esta gran jornada cetrera en tierras castellanas.

18 de septiembre de 2013

Soltando pihuelas

Halcón peregrino (Falco peregrinus) con plumaje de primer año y apresando el señuelo.
Con el título de la entrada de esta semana os preguntaréis, ¡qué narices es eso de "soltar pihuelas"....!
Pues bien, las pihuelas son unas correas de cuero con las que se aseguran los pies de las rapaces utilizadas en cetrería. El arte de la cetrería es, como cualquier arte, muy complejo. Desde las primeras fases de adiestramiento de las aves, se utilizan con maestría y experiencia una serie de elementos que facilitan algunas operaciones, éstos son las pihuelas, el señuelo, la caperuza, el guante, la lonja y otros muchos.
El objetivo de la cetrería en su fase final es el de poder ir al campo a cazar con el propio halcón, ese halcón con el que has pasado tanto tiempo y al que le has dedicado largas horas y jornadas en todo su aprendizaje, aprendizaje que además suele ser mutuo. El cetrero en esa última fase será el mejor amigo del ave rapaz, ya que con él y a su lado capturará numerosas presas naturales.
Con estas fotografías mostramos algunos detalles de diferentes rapaces usadas en cetrería, más adelante, hacia finales de octubre estas rapaces estarán totalmente entrenadas para brindarnos lances espectaculares que intentaremos mostraros en posteriores entradas de este blog, Dehesa de los Alcotanes.

Esmerejón (Falco columbarius) sujeto por las pihuelas y preparado para la caza.
 Alcotán (Falco subbuteo) de dos meses de edad, en el guante del cetrero.
 


Halcón con caperuza puesta para su transporte en las mejores condiciones.
Esmerejón posado aguardando la salida de algún pajarillo estepario.

7 de agosto de 2013

Desde el alto Portillo hasta Alcazarén


Contemplar los paisajes vallisoletanos al atardecer, cuando el día alcanza su término y la temperatura desciende, durante el mes de agosto, es una experiencia única y que desde aquí os recomendamos. Nos situamos en Portillo, es el inicio de la excursión por las tierras de pinares hacia el sur de la provincia de Valladolid. El alto Portillense nos permite observar unas vistas amplísimas de la llanura castellana poblada en esta zona de espesos pinares de piñonero de los que estas poblaciones rurales sacan un precioso partido. 


Proseguimos la ruta hacia San Miguel del Arroyo en donde se observan campos de cereal dorados por la inminente puesta del sol y nos adentraremos en el "Valle de las Águilas" apodado así por algunos aficionados a la cetrería y a las rapaces por contenter una riqueza de éstas muy importante y en recuerdo al D. Félix Rodríguez de la Fuente. ¡Las postales de campo las tenéis a continuación!


Además en este valle se vienen realizando importantes acciones selvícolas en las masas de piñonero y un estudio reciente de compañeros del servicio territorial de la JCyL demuestra la importancia de estas acciones y tratamientos en las masas forestales y su influencia positiva en las poblaciones de rapaces, mencionando la expansión del águila imperial a zonas del sur de la provincia de Valladolid.





















































Entre algún curioso alcaudón como el de la imagen y el rojizo atardecer desde Alcazarén nos despedimos hasta la próxima semana. Volveremos a Cáceres, la dehesa como protagonista de nuevo, y desde la finca de Zalduendo, ¡este agosto muchas novedades en Dehesa de los Alcotanes!

7 de mayo de 2013

La Nava y alrededores


Pareja de cernícalos en palomar de ladrillo y teja.




Llanura de La Nava, con detalles de las lagunas, remansos eutrofizados, y vegetación autóctona.



Construcciones tradicionales de las poblaciones rurales del entorno de La Nava, bodegas bajo suelo, cubiertas de verdes tapices, atardecer primaveral.

15 de septiembre de 2011

Un ave rapaz llamado ALCOTÁN

El alcotán (Falco subbuteo) es un ave muy peculiar, de tamaño similar a un cernícalo pero más fino y alargado, es este un pequeño halcón que viene todas las primaveras del continente africano. Rapaz muy ágil y rápida, la única que puede llegar a dar caza a pájaros tan escurridizos y esquivos por veloces, como el vencejo o la golondrina.
Desde pequeño, cuando salía al campo acompañado de un gran cetrero, veía muchas rapaces y aprendía cantidad de trucos para distinguirlas, sus voces, el aleteo particular, las siluetas, sus nidos y zonas de cría… Siempre me habían hablado del alcotán, pero no pasé de poder admirarlo en alguna ilustración de las páginas del libro “El Arte de Cetrería” de Félix Rodríguez de la Fuente.
Hace ya tiempo, contaría yo 13 años , un día de mayo en los alrededores del Monasterio de Nuestra Señora de Alconada, en Ampudia (Palencia), pude ver lo más difícil, una nube de aves se movía sobrevolando el monasterio, tardé unos segundos en articular opinión, esto pasaba cuando algún “pájaro” nuevo se ponía delante y ¡no tenías ni idea de que podía ser! Tuvimos la suerte de que no se movieron mucho de la zona, eran muchos, diría que unos 100, corrí al coche a por la guía de pájaros, y sí, después de algunas averiguaciones, definitivamente eran alcotanes. Toda una gran suerte haber podido observarlos, estaban llegando a tierras palentinas después de un largo viaje procedente de África.
Estas pequeñas rapaces pueden alimentarse en vuelo de grandes insectos en días calurosos y ascienden a grandes alturas, ¡una verdadera experiencia! Desde entonces siempre he tenido la ilusión de poder cazar en cetrería con el veloz alcotán, de momento los avatares de la vida lo han impedido.



Dejo este vídeo en el que Félix nos cuenta cosas interesantes sobre los elementos imprescindibles para la práctica de la cetrería con cualquier rapaz, también cómo no, para el protagonista de esta semana: El Alcotán.